Concentración

ArcoDespués de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dio al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro.

– Ahí está – le dijo al viejo,  – ¡a ver si puedes igualar eso!.

Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo.

– Ahora es tu turno – dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme.

Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro.

– Tienes mucha habilidad con el arco –  dijo el maestro – pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro.

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Publicado el junio 17, 2013 en Fábula y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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